“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” (Juan 10:27)

Nuestro Señor Jesucristo no pudo haber asegurado que sus hijos tendrìan vida eterna, si la salvaciòn se perdiese;eso sería contradictorio con su esencia, pues él es la verdad:“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Existen en la Biblia varios versículos como el anterior que de una manera clara nos aseguran que nuestra salvación es eterna y está asegurada en la obra completa y perfecta que Cristo hizo en la cruz del Calvario. A continuación se describen algunos de ellos:

Juan 5:24 “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Juan 6:40 “Y esta es la voluntad del que me ha enviado:Que todo aquel que ve al hijo y cree en él, tenga vida eterna;y yo le resucitaré en el día postrero.”

Efesios 2:8-9 “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;y esto no de vosotros pues es don de Dios;no por obras,para que nadie se gloríe.”

Hebreos 10:12-14 “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez y para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”

Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Juan 3:17 “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

Juan 1:11-13 “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Deseo que reflexionemos en este último versículo. La Biblia dice que si creemos en Jesucristo como nuestro Señor, seremos adoptados como hijos de Dios, y un hijo posee ese título para siempre. Ante la ley, ninguna persona que sea hijo legítimo, ilegítimo o adoptado, en algún momento de su vida deja de ser un hijo delante de su padre terrenal. De igual manera sucede con nuestro padre Celestial. De hecho, cuando los apóstoles le pidieron a Jesús que les enseñara a orar, el les dijo: “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9). Dios nos ha adoptado como sus hijos, desde el momento que morimos a la paternidad de Adán, de la cual heredamos el pecado y la muerte. Ahora, bajo la paternidad de Dios por medio de Jesucristo, el segundo Adán, ahora hemos heredado el perdón de pecados y la vida eterna. Y usted, ¿bajo qué paternidad se encuentra?

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