El comienzo del evangelio de Juan nos explica la relación de Jesús con el Padre: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios” (Juan 1:1-2). En otras palabras, el Verbo que es Jesús, era Dios al mismo tiempo, Dios encarnado, también llamado Emanuel: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14) 

La Biblia nos explica que, Jesús no solamente es uno con el Padre, sino que es Dios mismo, quien a la vez opera en el hombre por medio del Espíritu Santo, la tercera persona de la trinidad:“Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno” (1 Juan 5:7).

Ahora bien, ¿por qué razón Jesús, el Mesías, debería ser Dios mismo encarnado, y no un profeta como el resto de los demás? La respuesta está relacionada con el libro de Génesis, al inicio de la creación, cuando Dios le dice a Adán: el día que pecares, ese día moriréis. A partir del pecado original de Adán, todo ser humano nace con la semilla del pecado, y por ende, nace físicamente vivo, pero espiritualmente muerto, separado de Dios eternamente, a menos que alguien pague la deuda en sustitución de la raza humana.

Para que una persona pueda realizar esta obra sustitutoria, debería nacer sin pecado, vivir sin pecado y morir sin pecado, para poder morir por el pecador. Sin embargo no hay hombre que llene ese requisito. Es por ello que Dios tuvo que hacerse hombre, es decir, encarnarse en la persona de Jesús, para que así, un justo pudiera morir por el pecador. Solamente Dios podría realizar una obra así.

Es por ello que, el ángel le dice a María cómo se llamaría el santo ser, Emanuel, que significa “Dios con nosotros”.

Esa fue la razón por la que los fariseos deseaban matar a Jesús, por que al decir que era Hijo de Dios, se estaba haciendo pasar por Dios mismo: “Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.” (Juan 5:18)

 

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