En una ocasión, Jesús le dijo a un fariseo, llamado Nicodemo, quien era un maestro de la ley: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Esta pregunta sorprendió a Nicodemo, pues no la entendía, y aborda a Jesús con otra pregunta tratando de encontrar respuesta a su confusión: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? (Juan 3:4). 

Esta misma pregunta, está vigente al día de hoy para todos nosotros, pues si no nacemos de nuevo, no podremos compartir con Jesús el reino de su Padre. Pero, ¿qué significa esto de “nacer de nuevo”?  Literalmente es el significado de un nuevo comienzo, “de modo que si alguna está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron;he aquí todas son hechas nuevas” (2 Cor. 5:17). Y es que cuando el hombre pecó, la setencia de la muerte pasó al hombre, “por que la paga del pecado es la muerte” (Rom. 6:23), y a partir de ahí, el hombre nace físicamente vivo y espiritualmente muerto, es decir separado del Espíritu de Dios, “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rom. 5:12). Es por ello que Jesús le respondió a Nicodemo, “lo que es nacido de la carne, carne es; y  lo que es nacido del Espíritu , espíritu es” (Juan 3:6).  El primer nacimiento es de la carne, el nuevo o segundo nacimiento, es del espíritu, por medio del cual Dios imparte su naturaleza divina al hombre pecador y le santifica, para que sea apto de estar en su presencia. A partir de ahí, el hombre pecador, puede tener una relación armoniosa con un Dios santo, pues ya sus pecados han sido lavados por la sangre de Cristo.

“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Cor. 6:11).

Anuncios