Hay varias formas en que Dios se ha revelado al hombre desde que fue creado. Al inicio Dios se manifestó al hombre de manera directa, había una comunión íntima entre los primeros padres y su creador. Cuando el hombre pecó la comunión directa fue interrumpida, el pecado interpuso una barrera en la relación que anteriormente fue armoniosa y directa, y Dios comenzó a comunicarse a través de los profetas hasta la venida de Cristo, quién es la última forma en que Dios se ha manifestado al hombre, el Verbo encarnado: Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1-2)Sin embargo, también hay una autorevelación de Dios a través de la naturaleza, es decir, de lo creado, “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles, desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20). La naturaleza misma nos habla de su creador, por lo que no hay excusa para el incrédulo.

Los profetas y hombres de Dios fueron dejando escritas las revelaciones en lo que llamamos las Sagradas Escrituras, las cuales se dividen en dos: Antiguo y Nuevo Testamento. Todos estas revelaciones están compiladas en lo que ahora conocemos como la Biblia. Podemos decir con seguridad dos cosas aceca de la Biblia:

  1. Es inspirada por Dios y contiene su pensamiento.
  2. Es única, inmutable, eterna e infalible.

Lo dice el apóstol Pablo en su 2da. carta a Timoteo 3:16, “Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar para redarguir, para corregir, para instruir en justicia a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

Los cristianos del Nuevo Testamento sabían cuál era la autoridad única y verdadera y recurrieron a las Escrituras para saber si lo que habían oído era verdadero, “Y éstos eran más nobles de los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).

La misma historia nos confirma la inmutabilidad de las Escrituras, pues es el único libro que ha superado todos los imperios y las edades, “Porque: Toda carne es como la hierba, y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba. La hierba se seca y la flor se cae; mas  la palabra de Señor permanece para siempre” (1 Pedro1:24-25).

El evangelio de Mateo también nos confirma esta verdad, “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo24:35).

Todo agregado humano a la palabra de Dios es una adulteración de la verdad y por lo tanto está llena de error, aún cuando posea medias verdades, “…antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Romanos 3:4). El ser humano es inclinado al mal por naturaleza, por tanto lo que el hombre agrege a las Escrituras es una aberración y un insulto a la veracidad de Dios, “Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Salmo 14:2-3). 

El Rey Salomón nos hace una advertencia contra todo aquel que le agregue a lo que Dios ha revelado, “Toda Palabra de Dios es limpia; él es escudo a los que en él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30:5-6).

Tal como estos y muchos otros versículos lo indican claramente, Dios nunca dio a nadie la autoridad para añadir o para cambiar su Palabra. Esta es perfecta y completa, tal y como  Dios la escribió, “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma” (Salmos 19:7).

 

 

Anuncios